domingo, noviembre 11, 2012

La música como personaje fílmico: Todas las Mañanas del mundo



          La adaptación cinematográfica de un texto literario se sirve, en parte, de las técnicas novelísticas modernas, especialmente  de aquellas que utilizaron las vanguardias de principios del siglo XX. De ello ha dado cuenta la teoría de la literatura. Por medio de la Narratología se ha llegado a comprender la similitud de las estructuras presentes tanto en la novela como en el cine, así como el proceso de adaptación de una obra literaria a la gran pantalla. La novela y el cine son, en ese sentido, relatos que narran acontecimientos, reales o ficticios, siguiendo una lógica. No obstante, en lo que concierne a la voz narrativa o al punto de vista, el cine presenta un problema más complejo debido, sobre todo, a su doble naturaleza narrativa y representativa. La focalización en el discurso cinematográfico, la articulación de ver y saber establece una barrera entre las percepciones  de la lectura, provenientes de la diégesis, y la avalancha  de imágenes del discurso fílmico que guían nuestra interpretación.
La hermosa película Todas las Mañanas del mundo del ya fallecido cineasta francés Alain Corneu basada en la novela homónima de uno de los grandes escritores franceses actuales, Pascal Quignard, se enfrenta a los desafíos que acabo de esbozar pero también a otro, para nada menor, que consiste en hacer hablar a la música por sí misma más allá de los diálogos o de la imagen. Por esa razón, sería factible analizar este relato fílmico teniendo en cuenta lo que yo llamaría una estética de la audición musical. Tanto la novela como la película narran la relación entre dos músicos franceses de finales del XVII y de principios del XVIII: Monsieur de Sainte-Colombe y Marin Marais.  Ambas creaciones ilustran en toda su excelencia el papel que juega la música en una época de cambios estéticos y en un momento clave que marcará el rumbo de la Historia de la música europea. Partiendo de un guion escrito por el propio Pascal Quignard, Corneau nos propone una reflexión filosófica de la música en imágenes, al tiempo que la incomparable banda sonora de Jordi Savall, nos ofrece un tratado de los sonidos puros que puede alcanzar un virtuoso de la viola da gamba. Como dice el propio Sainte-Colombe, este instrumento es capaz de “imitar”  todas las inflexiones de la voz humana”. Aunque la novela de Quignard es muy rica y aborda un amplio espectro de temas, conviene señalar que la película de Corneau, sin descuidar otros aspectos,  se centra particularmente en la música. En este largometraje, la música posee aún más autonomía que en la mayoría de películas en la que es protagonista. Se podría incluso decir que este arte adquiere la categoría de personaje autónomo en el discurso narrativo. Más allá de la palabra, la música encarna la melancolía. Teniendo como base este leit-motiv, Corneau homenajea a la música expresando todas las potencialidades de colaboración entre el arte visual y el musical. El relato cinematográfico se convierte en el instrumento ideal, no sólo con el fin de que la música hable, sino también para que los silencios y las penas de todos los  personajes se expresen en una unión perfecta entre la imagen y el sonido. Al contrario de lo que ocurre con el relato escrito, la narración fílmica ofrece la posibilidad de desplegar imágenes que hablan por medio de los silencios o de la interpretación  musical. Si la novela literaliza la música evocándola por medio de los títulos, el dúo Corneau-Savall equilibra perfectamente los aspectos marcados por los silencios y las interpretaciones musicales de las obras que acompañan el desarrollo de la historia. Los gestos juegan también un papel determinante en el relato fílmico. Es indudable que la teoría del arte de tocar la viola desarrollada por Savall, mencionada más arriba,  adquiere una importancia notoria en la obra de Corneau, sobre todo en lo que se refiere al equilibrio entre la acción mecánica y a una idea precisa del sonido. Esta teoría se hace realidad en el relato cinematográfico con las interpretaciones del Tombeau des Regrets de Sainte-Colombe, obra musical que, por otro lado,  articula tanto la novela como el film, dando a este último su plena unidad narrativa. Además, es la obra que cierra el relato. Se escucha en el momento culminante en el que Sainte-Colombe y Marin Marais tocan por fin juntos. Se trata de una escena intensa porque es cuando el maestro siente que llega al final de su vida  y transmite su sabiduría musical a quien rechazó como alumno en el pasado. Más allá del problema de la adaptación de la novela al cine, podemos concluir que la música reina en la película en tanto lenguaje autónomo. Es más, se manifiesta capaz de transmitir la iluminación del arte auténtico que tanto se afanaron en buscar Sainte-Colombe y Marais. En cierta forma, la película de Corneau, respetando la armonía de la lengua escrita, consigue por medio de la música, ofrecernos otra dimensión de todos  los personajes. La música se convierte así en el medio ideal para analizar los tormentos existenciales que sufren. En suma, la música por sí sola, narra y expresa de manera magistral los silencios de sus vidas marcadas por el arrepentimiento y el llanto.