miércoles, octubre 12, 2016

Otoño de cine



En las últimas semanas he visto tres películas europeas que han tenido una buena acogida por parte de la crítica. La que me más me ha convencido de las tres, a pesar de los estereotipos que contiene, ha  sido la cinta musical irlandesa Sing Street en la que el director John Carney hace un excelente ejercicio autobiográfico. Tanto la ambientación como la música del Dublín de los años 1980 son muy buenas.  También es interesante el retrato que hace de la escuela privada confesional y el análisis de las diferencias entre Irlanda e Inglaterra. Eso sí, aborda la construcción vital de unos adolescentes pero la única chica que aparece tiene sólo el tópico papel de musa inspiradora.

La segunda, Elle, del director holandés francófono Paul Verhoeren, está basada en el libro  Oh!  (2012), del escritor francés  Philippe Djan. Este realizador, conocido por su cine violento, quiere sorprender al espectador con un trabajo transgresor. Teniendo como modelo las innovaciones que introdujo  Stravinski en el lenguaje musical,  desea subvertir la norma  pero, en realidad, no hace más que caer en un análisis convencional de  Michèle, (personaje interpretado por Isabelle Huppert).
El antiguo estereotipo de la mujer que supuestamente disfruta cuando es violada es presentado finalmente aquí como un modelo de emancipación. La herencia patológica de un padre asesino es la excusa perfecta para mostrarnos como ejemplo de mujer liberada a una ejecutiva agresiva, perfectamente integrada en el mundo de los negocios, que se entrega por entero al imaginario patriarcal más primario.

Tenía muchas ganas de ver la película británico-estadounidense A Quite Passion (estrenada aquí con el título Historia de una pasión), del realizador inglés Terence Davies. Basada en la vida de la poetisa americana Emily Dickinson, esta cinta es un pretencioso ejercicio estético del que se salva, y no siempre, la fotografía del espacio interior en el que transcurre la vida de la escritora que apenas salió de su casa.
La película tiene un comienzo prometedor pero va decayendo poco a poco tanto en los diálogos como en la interpretación rígida de unos actores y actrices que no se creen por completo su papel. Por otra, parte, el análisis de Emily Dickinson es muy uniforme. Su impulso creativo emerge de la nada, casi sin referentes, cuando se sabe que era una gran lectora y que en lo concerniente, por ejemplo, a su concepción de la Naturaleza era deudora de Thoreau. Dicho esto, quiero añadir que se agradece ver una película reflexiva, intimista y con una estética alejada del cine industrial de producción en serie.


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